Eva Pons

Cinco años en África y cada mañana me siguen pidiendo matrimonio

Eva Pons es una mallorquina;  guapa y estilosa, lista y trabajadora, determinada y responsable; podría triunfar en cualquier trabajo que se propusiera, sin embargo ha decidido dedicarse a los demás, con un lema que dice “para servir, servir”

Empezó a practicarlo en los suburbios de Elche, atendiendo a drogadictos que querían desengancharse y desde hace  cinco años en África, en el barrio de Abobó, el más conflictivo de la capital costamarfileña. Trabaja en Yaraní, un centro de formación profesional para jóvenes en riesgo de exclusión social y de alfabetización de mujeres adultas. Nos presenta a unas cuantas de estas últimas. La mayoría, nos dice, son mujeres emprendedoras, tienen negocios en la economía informal, pequeños negocios de los que vive toda la familia. El no saber leer ni escribir les hace ser totalmente dependientes de otras personas: marido, hijo, vecino, porque las mujeres de su entorno tampoco saben leer.  Es una limitación muy grande. Aprender a leer y escribir supone para ellas, una gran liberación.

Eva se considera afortunada al vivir como una más en un país que la ha acogido tan bien y anima a los extranjeros a salir de su guarida de blancos y mezclarse con lo mejor del país, su gente.

Nos cuenta que cada mañana sale de casa a las 8,30 coge el primer woro woro (taxi compartido, en Abidjan los hay a miles, cada línea está clara, para ir de un barrio al otro, mucho más barato que el taxi y no tan masificado como el bus, al que ningún europeo subiría aunque le pagasen Todos los días se repite la misma rutina, el chofer ha notado un acento extranjero y le pregunta de dónde es. Soy española le dice. Ah! Estás casada? responde que si. Ah! Haberme esperado, me gustaría casarme contigo!  Lo siento llegué al país casada, les dice aunque no es cierto.  Luego, el chófer  hace comentarios  sobre lo celosos que son los blancos y lo tolerantes que son los africanos. Eva le pregunta si él está casado y si tiene hijos, casi ninguno lo está pero todos tienen hijos.  Cuando Eva les asegura que su mujer, la de ese momento, tendrá ganas de casarse, cambian rápidamente de tema. -Te gusta la comida marfileña? -Sí, claro, me encanta. – Conoces el Placali? – Si, ayer comí placali! – Y el placali negro? – No, cómo es? – Dejas secar la mandioca al sol unos días y se vuelve negra. Es típico del norte del país. (El placali blanco se come en todo el país, es una masa ligera de pasta de yuca cocida. Se come acompañada de una salsa, o como acompañamiento de carnes  y pescados ahumados) Y sigue satisfecho –Aquí,  en Costa de Marfil, tenemos de todo! y acogemos a todo el mundo.

Eva asegura que se aprende mucho del país charlando con los choferes de woro woro, que  siempre te saludan con una amplia sonrisa.

Pero no quiere que hable de ella. “En África, comenta, he conocido muchas personas impresionantes: El hermano Kike lleva una veintena de años, sacando adelante un hogar para niños delincuentes (les llaman los Microbios) en Abobó, el barrio más pobre de Abidjan. Las hermanas del Ángel de la Guarda llevan más de veinte años en un dispensario de Abobó,  en una zona donde ni llega el transporte público por lo peligroso que es y las malas condiciones de acceso. Se ocupan de todo tipo de enfermos en especial con SIDA. Las han atacado y atracado, y siguen ahí.   El centro Zagal en Yopougon, un barrio inmenso y lleno de necesidades para los jóvenes, se ocupa de la formación profesional de cientos de jóvenes sin oportunidades, llevado por un sacerdote español. Africanos del Opus Dei, mujeres y hombres bien preparados que podían ocupar cargos importantes en la Administración pero se dedican a promover dispensarios y escuelas”.

En la Iglesia puede haber gente que no sea ejemplar, hay escándalos, pero lo que yo veo en mi día a día es gente heroica, que reza y piensa solo en los demás, con una vida intachable y muy muy feliz.  Nos insiste,  hay que sacar también esto en los periódicos, en las noticias de Google, en Facebook. No veo noticias en la prensa, nos dice Eva, de toda esta gente que se deja la piel en África.

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