Nanan Toumbo

Con el rey y los notables de la tribu Toumbo

El dispensario de Walé en Toumbokro se encuentra en el territorio de la tribu Akoué, de la etnia Baoulé. El nombre de la aldea se debe a su jefe: Toumbo.

Antes de conocer el dispensario, Manuel Lago, su promotor, nos lleva a presentar nuestros respetos al jefe Nanan Toumbo y a los notables de Toumbokro. “Estas personas son muy pobres pero tienen un gran sentido de la dignidad y saber que han venido unos europeos a sus tierras y no han pasado a saludarlos, casi constituiría una ofensa. Hay que tener en cuenta que el dispensario ha podido instalarse gracias a que el pueblo nos ha vendido parte de sus tierras, lo más sagrado que tienen. No se hubieran desprendido ni de un metro cuadrado si no hubiesen estado convencidos del valor social que el proyecto tenía para la aldea”.

El sentimiento divino sobre la tierra se ve reflejado durante la visita, cuando comienzan las libaciones (el diccionario de la RAE lo define como “ceremonia religiosa de los antiguos paganos, que consistía en derramar vino u otro licor en honor de los dioses”) y es exactamente como corresponde al sentido de la ceremonia que presenciamos en honor de los dioses y de los antepasados. El saludo al rey y a los nobles conlleva un largo ritual con un detallado protocolo que hay que seguir y que Manolo domina a la perfección.

Cuando llegamos, ya nos están esperando, como en un escenario, a la sombra de un gran árbol de mango, el rey (incluso con corona)  y los notables, sentados en una primera fila, ataviados con sus mejores galas. Detrás de ellos otras personalidades de la aldea. Enfrente han colocado un par de mesas bajas y varias filas de sillas para los visitantes.

Antes de que nadie diga nada, aparece un hombre con una botella de agua mineral bien fría. Desprecinta la botella a la vista de todos y sirven a los de la primera fila. No hay bien más preciado, en un ambiente asfixiante con el 100% de humedad, que un poco de agua fresca,  no contaminada. En un poblado sin tiendas ni electricidad, tener una botella de agua helada supone un auténtico lujo.

Manuel Lago, después de agradecer el recibimiento, explica que hemos ido a saludar al jefe y a los notables y presenta a cada uno de los componentes de la expedición de Harambee. Le contesta el portavoz del jefe de la aldea –su nombre es Firmin Kuoadio-  dando la bienvenida  y solicitando las –nuevas- noticias que traemos. Interviene de nuevo Manuel dando las gracias por permitirles construir este dispensario que tanto ha contribuido a mejorar la economía y la salud de los habitantes de la zona. Resalta que ha sido posible gracias a la generosidad del pueblo Toumbo por ceder las tierras y de Harambee y de otros donantes que hicieron posible la construcción y el equipamiento y que ayudan al mantenimiento del dispensario”. También les explica que la expedición de Harambee llega para constatar cómo se ha empleado el dinero donado, dejando claro que Harambee controla cada franco que se dona.

Una vez completados los saludos, Manuel entrega al jefe una botella de ginebra, que este da a su portavoz.  Firmin echa un par de dedos de alcohol en un vaso y le devuelve la botella al jefe que la guarda entre su amplio ropaje. Con el vaso en la mano y movimientos rituales,  Firmin invoca a sus dioses para que nos bendigan y protejan a todos y derrama un poco de ginebra en el suelo de tierra  sagrada, luego hace algo similar invocando a los antepasados y derrama otro poco de alcohol sobre la tierra, por tercera vez repite la ceremonia invocando la memoria de los jefes anteriores. Manuel toma la palabra de nuevo para agradecer las bendiciones.

La despedida se desarrolla de forma similar al saludo, en un intercambio de agradecimientos y bienaventuranzas que dura su tiempo. Puede parecer que hemos empleado demasiado para un saludo pero ahora que la tendencia se dirige al “slow world” donde se recuperen los almuerzos familiares, las sobremesas, las tertulias, el paseo, la contemplación, la meditación…  todo lo que nos aleje del estrés y la prisa, en Toumbokro hemos podido saborear el placer de las relaciones humanas a cámara lenta.

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