Dale un Futuro

Las  mujeres africanas  son muy emprendedoras porque sobre ellas recae la responsabilidad de alimentar a sus hijos. Las del mundo rural trabajan un pedazo de tierra para lograrlo y las de la ciudad, si saben leer y escribir, intentan encontrar un empleo. El resto –más del 60 % de las mujeres adultas son analfabetas- trata de sobrevivir vendiendo cualquier cosa que puedan conseguir, con el hándicap de que actualmente todas las comunicaciones se realizan por WhatsApp, que son incapaces de leer.

El proyecto “Dale un futuro” proporciona formación básica durante dos cursos. En el primero se aprende a leer, escribir, calcular y en el segundo, conceptos de marketing, contabilidad y un oficio que asegure el acceso al mercado laboral o al emprendimiento

El proyecto se ha iniciado con el patrocinio de la marca René Furterer de los laboratorios Pierre Fabre que han financiado la formación durante dos años de 12 mujeres costamarfileñas en el centro de Formación Profesional Yaraní de Abidjan y ha realizado una amplía labor de sensibilización en redes sociales.

El proyecto está abierto a nuevos patrocinadores porque existen muchas otras mujeres, de diferentes países, esperando esta oportunidad.

Profesionales Voluntarias

Otra iniciativa “Dale un futuro” es la que realizan durante el verano jóvenes profesionales madrileñas en el distrito de Kilifi, en la zona costera cercana a Somalia al este de Kenia, donde la falta de empleo empuja a muchas mujeres a la prostitución, principal causa asociada al contagio del VIH y que en el distrito de Kilifi tiene el índice más alto de la provincia de la costa.

En el proyecto de voluntariado participan profesionales españolas, especialistas en educación y sanidad que durante un mes imparten talleres formativos para proporcionar conocimientos, habilidades y herramientas para la mejora de las condiciones básicas higiénico-sanitarias y de educación. También llevan con ellas máquinas de coser que enseñan a utilizar y regalan a la comunidad. Incluso  han construido un edifico comunitario en el que las mujeres puedan reunirse y desarrollar las habilidades aprendidas.

Harambee cuenta con una plataforma de Voluntariado para profesionales

Ange Véronique Akui Lilo: 32 años, costurera, soltera. Su prometido acaba de morir. Él era quien le leía los mensajes de sus clientas y de los proveedores de telas.

Kpan Toma: 44 años, es costurera, tiene 5 hijos y su marido está en el paro. Necesita saber leer y escribir para poder llevar adelante su negocio de costura.

Kinda Kouakou Nadège: 21 años. Procede de un orfelinato. No consigue empleo porque no sabe leer ni escribir. Le gusta la moda y querría aprender a diseñar y coser.

Ahua Antoinette: Casada. Vive en M´Batto-Bouaké. Estudió muy pocos años de primaria. Es costurera, pero por no saber leer ni escribir, su trabajo es difícil. Quiere llegar a más.

Sidonie Kima: Casada, madre de 6 hijos. Vive en M´Batto-Bouaké. Trabaja en el campo. No sabe leer ni escribir. No puede ayudar a sus hijos a estudiar cuando vuelven de la escuela. Quiere poner un negocio dentro de dos años, cuando acabe con las clases de alfabetización.

Elisabeth Gnondjui: 27 años, casada. Se dedica a hacer y a vender el “attieke” (Harina de Yuca, base de la alimentación de Costa de Marfil). Vive en M´Batto-Bouaké. No sabe leer ni escribir. Está muy ilusionada con las clases de alfabetización que le darán la posibilidad de desarrollar su negocio, fuera de su aldea.

Nonkou Abala Odette: Tiene 26 años y una hija de dos años. Vive en M´Batto-Bouaké. Ha hecho una formación de peluquería, pero no ha podido instalarse por no saber leer ni escribir y por falta de personas de confianza con quienes podía trabajar: necesita que alguien le lea todo. Quiere cambiar esta situación. Por eso, ha empezado las clases de alfabetización.

Prudence Zagli: Tiene 14 años y vive en M´Batto-Bouaké. Ha venido del oeste del país con su hermana mayor porque sus padres no tenían medios para escolarizarlas. Tienen un pequeño negocio. Empezó clases de costura, pero, seguir las clases le resulta difícil porque no sabe leer ni escribir. Por eso, empezó las clases de alfabetización.

Viviane Tago: Tiene 18 años. Vive en Palmafrique, un pueblo cerca de M´Batto-Bouaké. Tenía muchas dificultades para ir a la escuela andando y tuvo que abandonarla al final de primaria porque no había aprendido a leer ni escribir. Desde entonces, ayuda a su madre a recoger frutos en los campos sin dueño y a venderlos después. Quiere aprender costura para ganarse la vida como modista, pero ve la necesidad de saber leer y escribir para aprender bien la costura.

Laetitia Kouakou: 18 años. Vivía en una ciudad del interior del país (Daloa). Nunca ha podido ir a la escuela. Acaba de llegar a M´Batto-Bouaké (pueblo en el que se encuentra la escuela). Su tía vino a conocer la escuela, le habían dicho que podíamos conseguir becas, le dijimos que una empresa europea “René Furterer” nos daba 12 becas y una podía ser para ella. Está encantada del panorama que descubre y le resulta maravilloso y sorprendente que haya empresas con gente tan buena.

Latifatou Ouedraogo: 17 años. Vivía con sus padres en el barrio más marginal de Abidjan (Abobo). Ha venido a buscar trabajo en Bingerville y una señora le hablo de la escuela. Se interesó mucho en aprender formación profesional en repostería, pero para ello necesita antes aprender a leer y escribir.

Grâce M´Bra: Vive con su familia en Adjamé-Bingerville, un pueblo cerca de M´Batto-Bouaké. Tiene 16 años. Tuvo que dejar la escuela muy temprano, así que no sabe leer ni escribir. Quiere estudiar mucho, tener buenos resultados en clase para dar un futuro a su familia.

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